Martes, 12 Mayo 2026
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El presidente ruso se mostró abierto a un diálogo con la Unión Europea, reclamó una respuesta de Ucrania sobre el intercambio de prisioneros y advirtió por una escalada en Medio Oriente.

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, aseguró este sábado que “el conflicto ucraniano está llegando a su fin”, en medio de los intentos diplomáticos para sostener un cese al fuego y avanzar en negociaciones que permitan ponerle fin a la guerra con Ucrania.

El mandatario ruso habló en una conferencia de prensa en el Kremlin, poco después de encabezar el desfile militar por el Día de la Victoria en la Plaza Roja de Moscú. Allí también se refirió al posible diálogo con la Unión Europea, a la situación de Armenia y al conflicto en Medio Oriente.

En ese marco, Putin sostuvo que Rusia “nunca se ha negado” a negociar con el bloque europeo, luego de la propuesta planteada por el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa. Sin embargo, dejó una preferencia concreta para una eventual mediación: “como candidato para el rol de negociador preferiría al excanciller alemán (Gehrard) Schroeder. De lo contrario, que elijan a un líder de su confianza”.

Ucrania, tregua e intercambio de prisioneros

La declaración de Putin se produjo un día después de que Estados Unidos anunciara que Rusia y Ucrania iniciaban un cese al fuego, en el marco de la guerra que ya lleva cuatro años. Hasta ese momento, según afirmó el líder del Kremlin, Moscú no había recibido una propuesta formal de Kiev sobre el intercambio de prisioneros anunciado por Donald Trump.

“Contamos con la respuesta de Ucrania a la propuesta del presidente estadounidense. Lamentablemente, aún no hemos recibido ninguna”, señaló Putin ante los periodistas.

El jefe de Estado ruso también apuntó a otro frente diplomático sensible: la posible adhesión de Armenia, un aliado histórico de Moscú, a la Unión Europea. Sobre ese escenario, consideró que “sería completamente lógico celebrar un referéndum y preguntar a los ciudadanos armenios cuál es su opinión. En base a ello, nosotros también tomaríamos nuestra decisión”.

La propuesta de Putin por el uranio de Irán

Putin también volvió a insistir con su propuesta para que Rusia almacene el uranio enriquecido de Irán como parte de una salida diplomática al conflicto por el programa nuclear iraní. “Nuestra propuesta sigue sobre la mesa. Yo creo que es una buena propuesta”, afirmó.

Luego, buscó dar garantías a Teherán sobre el eventual traslado del material nuclear: “Si la aceptan, Irán puede estar completamente seguro de que estará transportando su material (nuclear) a un país amistoso”.

El presidente ruso recordó que Moscú mantiene cooperación con Irán en el desarrollo de energía nuclear con fines civiles, incluida la central de Bushehr, ubicada en el golfo Pérsico. También señaló que Rusia ya había almacenado uranio iraní en 2015, hasta que Estados Unidos endureció su postura.

De todos modos, admitió que la negociación permanece trabada. “Lo importante es desescalar la situación pero me parece que nadie aceptaría eso (de almacenar el uranio en suelo iraní), ni Estados Unidos ni Israel. Y la situación en ese sentido se ha encallado, hablando sin tapujos”, sostuvo.
La advertencia por Medio Oriente

Al analizar la tensión entre Estados Unidos, Israel e Irán, Putin advirtió que una profundización del enfrentamiento tendría consecuencias negativas para todos los actores involucrados.

Según planteó, si se produce “un aumento del nivel de confrontación, todos saldrán perdiendo”. Además, reconoció que la crisis colocó a Moscú “en una difícil situación”, debido a que mantiene “buenas relaciones” con Teherán y “amistosas relaciones” con los países del golfo Pérsico.

Por último, pidió que “se pueda detener el conflicto lo antes posible” y afirmó que, “bajo mi punto de vista, no hay ya partes interesadas en la continuación de este enfrentamiento”.


Fuente: ambito.com

Así lo afirman medios estadounidenses. Sin embargo, el Tesoro golpeó la red de suministros de drones iraníes, sumando tensión antes de la cumbre Trump-Xi.

En una carrera contra reloj para evitar una escalada irreversible, funcionarios de Estados Unidos e Irán podrían sentarse a la mesa de negociaciones la próxima semana en Islamabad, Pakistán. Según un informe revelado por The Wall Street Journal, ambas naciones trabajan contrarreloj junto a mediadores internacionales para dar forma a un memorando de entendimiento de 14 puntos que establezca una tregua formal de un mes.

El documento, que consta de apenas una página, busca definir los parámetros de una negociación mayor destinada a poner fin a las hostilidades. Los ejes centrales del borrador incluyen:

-Seguridad Naval: La reducción inmediata de tensiones en el Estrecho de Ormuz.
-Control Nuclear: El posible traslado del arsenal de uranio altamente enriquecido de Irán hacia un tercer país neutral.
-Plazos: Un periodo inicial de conversaciones de 30 días, con opción a prórroga si hay avances significativos.

La "garrote y zanahoria" de Trump: nuevas sanciones

A pesar del acercamiento diplomático, la administración de Donald Trump no detiene su política de asfixia económica. En las últimas horas, el Departamento del Tesoro anunció sanciones contra 10 personas y empresas con base en Hong Kong y China, acusadas de facilitar materias primas y tecnología para la fabricación de los drones Shahed, pieza clave en el arsenal de ataque iraní.

Esta medida llega en un momento geopolítico sensible: Trump tiene previsto viajar a China en los próximos días para reunirse con el presidente Xi Jinping. La Casa Blanca envió un mensaje directo al gigante asiático al advertir que está dispuesta a accionar contra cualquier empresa extranjera o aerolínea que colabore con el comercio ilícito de Teherán.

El conflicto en Gaza, una herida abierta

Mientras la diplomacia busca una salida en el Golfo Pérsico, la situación en la Franja de Gaza continúa deteriorándose. Un reciente ataque aéreo israelí en el campo de refugiados de Shati destruyó una vivienda tras una orden de evacuación forzosa, dejando al menos seis heridos, entre ellos dos niños.

La intensificación de los ataques de Israel en las últimas semanas ocurre en un contexto donde las estructuras de gobernanza propuestas por EE. UU. parecen haber perdido peso, complicando aún más el tablero regional.__IP__
El obstáculo del alivio económico

El gran interrogante que podría hacer colapsar la cumbre en Islamabad es el alcance del alivio de las sanciones. Irán exige acceso inmediato a sus fondos congelados y la reactivación de sus exportaciones petroleras, algo que Washington aún se resiste a conceder sin garantías plenas sobre el programa nuclear y el cese de apoyo a milicias regionales.

Por ahora, la moneda está en el aire. Islamabad se prepara para recibir a las delegaciones, pero la desconfianza mutua y las explosiones en el terreno siguen siendo los protagonistas de la jornada. 


Fuente: NA

El conflicto dejó de ser únicamente militar. La presión sobre los mercados, el riesgo energético global y la creciente intervención de China y Rusia explican la urgencia de Washington por alcanzar una salida negociada con Teherán.

La obsesión y el apuro de Donald Trump por cerrar un acuerdo con Irán ya no responden al objetivo de ganar una guerra. Responden a algo mucho más urgente: evitar que la guerra empiece a destruirle la presidencia.

Detrás de las amenazas, los ultimátums y la retórica de fuerza, la Casa Blanca enfrenta un desafío considerablemente mayor que Irán: petróleo disparado, mercados nerviosos, riesgo inflacionario, presión electoral y la creciente intervención de China y Rusia alrededor del conflicto. Esa combinación explica la verdadera urgencia de Washington.

Durante semanas, la Casa Blanca intentó instalar la idea de una victoria rápida. Trump habló de “Furia Épica” como si se tratara de una operación capaz de doblegar a Teherán en cuestión de días. Pero el problema de las guerras modernas es que ya no hace falta derrotar militarmente a una superpotencia para dañarla. A veces alcanza con convertir sus vulnerabilidades en un problema para el mundo entero. Eso hizo Irán.

No derrotó militarmente a Estados Unidos. Pero consiguió algo quizá más peligroso para Washington: transformar el estrecho de Ormuz en una palanca geopolítica global.

Por Ormuz circula cerca del 20 por ciento del petróleo marítimo mundial. Cuando Irán comenzó a restringir el tránsito, atacar buques y convertir el Golfo en una zona de alto riesgo, el conflicto dejó de ser regional. Empezó a golpear la inflación, las cadenas logísticas, los mercados financieros, los precios del combustible y las expectativas de crecimiento global.

La guerra empezó a medirse en dólares por barril. Y para un presidente estadounidense que enfrenta elecciones legislativas en noviembre, una escalada del petróleo y del costo de vida puede convertirse en un problema electoral devastador. Trump puede tolerar una guerra lejana. Lo que no puede tolerar es que el conflicto empiece a golpear el bolsillo de los estadounidenses.

La Casa Blanca entendió rápidamente que la confrontación comenzaba a producir exactamente lo contrario de lo que el presidente había prometido: incertidumbre económica, nerviosismo financiero y temor inflacionario. El Brent superó los 110 dólares y el precio del combustible volvió a convertirse en una amenaza doméstica.

Por eso el discurso estadounidense empezó a cambiar. En pocos días, la administración pasó de hablar de ofensiva militar a hablar de “escaramuzas”, “protección marítima” y “desescalada”. Tanto Trump como el secretario de Estado Marco Rubio y el secretario de Defensa Pete Hegseth comenzaron a repetir casi obsesivamente la misma idea: la guerra terminó, el alto el fuego sigue vigente, nadie quiere una escalada.

El mensaje no estaba dirigido a Teherán. Estaba dirigido a Wall Street y al consumidor estadounidense. La prioridad dejó de ser humillar a Irán. La prioridad pasó a ser estabilizar el mercado energético.

Y eso explica la aparente contradicción del republicano: amenaza con “bombardeos mucho mayores” mientras simultáneamente presiona para alcanzar un acuerdo. No es incoherencia. Es coerción negociadora.

Trump intenta construir una salida donde pueda presentarse al mismo tiempo como hombre fuerte y como pacificador. Necesita ambas cosas. Necesita exhibir capacidad de intimidación frente a Irán, pero también control de la situación frente a los mercados.

Porque la verdadera pesadilla de la Casa Blanca no es Teherán. Es una combinación de petróleo caro, inflación persistente y caída del consumo interno. Y hay otro problema central: Estados Unidos descubrió que abrir Ormuz militarmente es muchísimo más difícil de lo que imaginó.

La operación “Proyecto Libertad”, diseñada para escoltar barcos y reactivar parcialmente la navegación, terminó mostrando precisamente lo contrario: que Irán conserva capacidad real de interrupción. Incluso sin destruir flotas estadounidenses, puede volver económicamente inviable el tránsito marítimo. Puede hostigar, minar y volver impredecible la circulación comercial en el Golfo. Y en geopolítica energética, la incertidumbre vale oro. Por eso cada rumor de negociación hace caer el petróleo y subir las bolsas.
El estrecho de Ormuz quedó en el centro de la crisis por su impacto sobre el petróleo, los mercados y la disputa geopolítica global.

El estrecho de Ormuz quedó en el centro de la crisis por su impacto sobre el petróleo, los mercados y la disputa geopolítica global.

Los mercados entendieron algo que la Casa Blanca tardó semanas en admitir: que el país necesita un acuerdo más de lo que quiere reconocer públicamente.

Incluso Rafael Grossi, director del OIEA, lo insinuó con crudeza al definir Ormuz como “el cisne negro” de la guerra. Porque el cierre parcial del estrecho alteró el orden de prioridades occidentales: primero hay que estabilizar la economía global, después se discutirá el resto. Y eso representa, paradójicamente, una pequeña victoria estratégica para Irán.

China y Rusia, el frente que complica a Washington

La república islámica logró desplazar el eje de la negociación. El programa nuclear sigue siendo importante, pero ya no monopoliza la conversación. Ahora la discusión incluye navegación, energía, inflación global, cadenas de suministro y estabilidad financiera.

Además, el conflicto empezó a adquirir una dimensión mucho más peligrosa para Washington: Rusia y China comenzaron a moverse alrededor de la crisis.

El gobierno de Xi Jinping ya no actúa solamente como comprador de petróleo iraní. Empezó a posicionarse como mediador indispensable y como respaldo diplomático de Teherán. La reunión en Beijing entre el canciller iraní Abbas Araghchi y el ministro de Relaciones Exteriores chino, Wang Yi, dejó un mensaje claro: China no está dispuesta a permitir que Estados Unidos rediseñe unilateralmente el equilibrio de poder en Medio Oriente.

Pero el movimiento más incómodo para Washington es otro: Estados Unidos terminó reconociendo que China posee una influencia decisiva sobre Teherán y comenzó a presionar a Beijing para que ayude a estabilizar Ormuz. La escena es geopolíticamente reveladora: la principal potencia militar del planeta obligada a recurrir a la influencia diplomática de su mayor rival estratégico para intentar contener la crisis.

Mientras tanto, Rusia dejó de limitarse al respaldo diplomático. La semana pasada, Vladimir Putin recibió también al canciller iraní Abbas Araghchi y ratificó públicamente el apoyo estratégico de Moscú a Teherán. Paralelamente, China y Rusia comenzaron a coordinar posiciones para bloquear iniciativas impulsadas por Washington en Naciones Unidas y evitar que Estados Unidos transforme la crisis en una victoria geopolítica total en Medio Oriente.

Y ahí aparece uno de los verdaderos temores de Trump: el eje Moscú-Beijing y la posibilidad de que una guerra prolongada termine fortaleciendo exactamente a quienes busca contener.

Porque cuanto más se prolonga la confrontación, más margen ganan ambas naciones para desgastar la posición global de Estados Unidos sin involucrarse directamente. China busca preservar su seguridad energética y ampliar su influencia diplomática en Medio Oriente, mientras Rusia aprovecha la crisis para obligar a Washington a dispersar recursos, atención y poder de proyección estratégica.

En ese contexto, Irán gana tiempo, margen de maniobra y capacidad de resistencia.

Por eso Trump necesita cerrar esta crisis rápidamente. Porque el problema ya no es solo Irán.

El problema es que una confrontación prolongada comienza a ofrecer ventajas estratégicas a sus principales rivales globales, mientras incrementa simultáneamente los costos económicos, energéticos y políticos dentro de su propio territorio.

Y pocas cosas resultan más peligrosas para una presidencia norteamericana que una guerra sin victoria clara, inflación en ascenso y una economía dominada por la incertidumbre.


Fuente: ambito.com

Una avioneta se estrelló contra un edificio residencial en el barrio Silveira, en la ciudad brasileña de Belo Horizonte, y dejó un saldo de al menos dos personas muertas y tres heridas de gravedad.

La aeronave había despegado minutos antes desde el aeropuerto de Pampulha. De acuerdo con la información brindada por las autoridades, el piloto reportó problemas técnicos poco después de iniciar el vuelo y alcanzó a alertar sobre las dificultades que enfrentaba.

El impacto se produjo entre el tercer y el cuarto piso del edificio, en la zona de la caja de escaleras. Ese punto de choque fue determinante para evitar consecuencias aún más graves, ya que los departamentos estaban ocupados y el avión no colisionó directamente contra las viviendas.

Como resultado del accidente, el piloto y uno de los pasajeros murieron en el acto. En tanto, los otros tres ocupantes de la avioneta fueron rescatados con heridas severas y trasladados de urgencia a centros de salud de la zona.

En el lugar trabajaron bomberos, equipos médicos y fuerzas de seguridad, que desplegaron un amplio operativo para controlar focos de incendio, asistir a los sobrevivientes y garantizar la estabilidad de la estructura del edificio afectado.

La investigación quedó a cargo de organismos especializados en seguridad aérea, que buscarán determinar las causas del siniestro. Entre las hipótesis que se analizan figuran posibles fallas mecánicas, condiciones climáticas adversas o errores humanos.


Fuente: diariolavozdelchaco.com