Viernes, 04 Septiembre 2026
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El consumo masivo de tokens, la infraestructura digital y la energía necesaria para operar los nuevos agentes están disparando los gastos de las empresas. Las experiencias de Uber, Microsoft y NVIDIA.

La irrupción de la inteligencia artificial generativa en las empresas estuvo acompañada por una promesa tan seductora como contundente: lograr una fuerte reducción de costos operativos mediante la automatización de tareas y aceleración de procesos que hasta ahora venían realizando humanos.

Durante los últimos dos años, grandes compañías de prácticamente todos los sectores anunciaron inversiones millonarias con la expectativa de reemplazar parte del trabajo humano por sistemas capaces de escribir código, elaborar informes, responder consultas o analizar grandes volúmenes de información en cuestión de segundos.

 Sin embargo, a medida que los proyectos pasan de las pruebas piloto al uso cotidiano, comienza a aparecer una realidad inesperada. En numerosos casos, el costo operativo de utilizar IA a gran escala resulta mucho mayor de lo previsto y obliga a las empresas a revisar sus presupuestos, limitar el acceso de los empleados e incluso preguntarse si el retorno de la inversión justifica semejante desembolso.

Este fenómeno refleja una paradoja. No implica que la adopción de IA esté fracasando, pero en muchas organizaciones la adopción fue tan exitosa que su expansión interna terminó convirtiéndose en un problema financiero.

Ocurre que cuanto más utilizan los empleados estas herramientas, mayor es el consumo de tokens, la unidad con la que proveedores como OpenAI, Anthropic o Google cobran el procesamiento de cada consulta.

A diferencia del software tradicional, cuyo costo suele calcularse por usuario o por licencia, los modelos de lenguaje se facturan por volumen de procesamiento. Cada palabra que ingresa al sistema y cada palabra que devuelve el modelo representa consumo de tokens.

Cuando ese uso se multiplica por miles de empleados trabajando durante toda la jornada, la factura puede dispararse hasta niveles que los gerentes financieros no habían previsto.
Historias con nombre y apellido

Uno de los ejemplos más ilustrativos de este fenómeno proviene de Uber. La compañía desplegó Claude Code, el asistente para programación desarrollado por Anthropic, entre unos 5.000 ingenieros.

El resultado fue óptimo desde el punto de vista de la adopción: cerca del 95% de los desarrolladores comenzó a utilizar herramientas de IA de manera habitual y aproximadamente el 70% del código que ingresaba a los repositorios ya contaba con participación de inteligencia artificial.

Sin embargo, ese éxito tuvo un costo inesperado. El presupuesto anual destinado a herramientas de IA se agotó apenas transcurridos cuatro meses del año porque el consumo de tokens creció muy por encima de las proyecciones iniciales.

El propio presidente y director de operaciones de Uber, Andrew Macdonald, reconoció públicamente que la empresa enfrenta una dificultad que comienza a repetirse en toda la industria: resulta complejo demostrar que semejante incremento en el gasto se traduzca en una mejora equivalente para el negocio.

Según explicó, la compañía todavía no logra establecer una relación clara entre el aumento del consumo de IA y la aparición de nuevas funciones o mejoras visibles para los usuarios finales.

En otras palabras, la productividad interna parece aumentar, pero al cuantificar económicamente ese beneficio resulta siendo insuficiente para compensar la inversión.
Una nueva lógica en la economía del software

El caso de Uber dejó al descubierto un cambio profundo en la economía del software empresarial. Durante décadas, las compañías estuvieron acostumbradas a pagar licencias relativamente previsibles por cada empleado.

La IA generativa modificó completamente esa lógica. El costo ya no depende solamente de cuántas personas utilizan la herramienta sino, sobre todo, de cuánto la utilizan y del tipo de tareas que realizan.

Un asistente que redacta un correo electrónico consume relativamente pocos recursos. En cambio, un agente capaz de analizar miles de líneas de código, ejecutar pruebas automáticas o revisar documentación técnica puede consumir decenas o cientos de veces más tokens en apenas unos minutos.

Este fenómeno comenzó a recibir incluso un nombre dentro de la industria tecnológica: "tokenmaxxing", una expresión que describe el uso intensivo de modelos de IA con la idea de obtener la máxima productividad posible.

El problema es que cada incremento en el consumo de tokens implica un aumento directo del gasto operativo. Mientras que el precio por token viene disminuyendo con el paso de los meses gracias a la competencia entre proveedores, el volumen total consumido crece todavía más rápido debido a la aparición de agentes cada vez más sofisticados, capaces de ejecutar múltiples tareas en forma autónoma.
Del entusiasmo a la prudencia más estrica

Otra gran tecnológica que debió revisar su estrategia fue Microsoft. Diversos medios especializados informaron que la empresa comenzó a retirar licencias internas de Claude Code y a migrar parte de sus desarrolladores hacia herramientas propias como GitHub Copilot CLI.

Esa decisión está vinculada principalmente al control del gasto derivado del uso intensivo de modelos externos.

El episodio refleja una tendencia creciente entre las grandes corporaciones: después de una primera etapa caracterizada por el entusiasmo y la expansión acelerada, comienza una fase mucho más estricta de administración del consumo, establecimiento de cuotas y evaluación permanente del retorno sobre la inversión.

Paradójicamente, algunas de las advertencias más contundentes provienen de las propias empresas que lideran el desarrollo de esta tecnología.

Bryan Catanzaro, vicepresidente de aprendizaje profundo aplicado de NVIDIA, reconoció recientemente que, para su equipo, el costo del cómputo necesario para ejecutar inteligencia artificial ya supera el costo salarial de las personas que trabajan en esos proyectos.

La afirmación llamó la atención porque proviene precisamente de la compañía que fabrica los procesadores gráficos que alimentan la revolución de la IA y que más se ha beneficiado económicamente con este fenómeno.

En ese sentido, los ejecutivos sostienen que el verdadero desafío consiste en encontrar un nuevo equilibrio económico. Incluso el director ejecutivo de NVIDIA, Jensen Huang, afirmó que un ingeniero altamente calificado debería utilizar cientos de miles de dólares anuales en tokens de IA para alcanzar su máximo nivel de productividad.

La comparación ilustra hasta qué punto las grandes tecnológicas consideran que estas herramientas ya forman parte de la infraestructura básica del trabajo intelectual, aunque también pone de manifiesto la magnitud de las inversiones que exige su utilización intensiva.
Agentes más poderosos, pero más caros

El incremento de los costos no responde únicamente al precio que cobran los desarrolladores de modelos como OpenAI, Anthropic o Google.

Detrás de cada consulta realizada por un usuario existe una infraestructura extremadamente costosa compuesta por miles de procesadores gráficos de alto rendimiento, memorias especializadas, redes de altísima velocidad y centros de datos cuyo consumo energético supera ampliamente al de los servicios informáticos tradicionales.

Cada interacción con un modelo de lenguaje activa un complejo proceso de inferencia que requiere enormes recursos de cómputo, especialmente cuando las consultas son extensas o incluyen archivos, imágenes, código fuente o grandes bases de datos.

El avance de los llamados agentes de IA profundiza todavía más este fenómeno. Mientras que un chatbot tradicional responde una única consulta y finaliza la interacción, los agentes pueden planificar tareas, consultar múltiples fuentes, ejecutar programas, corregir errores, volver a intentar procesos fallidos y mantener conversaciones prolongadas sin intervención humana.

Cada uno de esos pasos genera nuevas solicitudes al modelo y multiplica el consumo de tokens.

Distintos análisis de la industria estiman que un agente autónomo puede llegar a consumir decenas de veces más recursos computacionales que una conversación convencional, lo que explica por qué numerosas empresas comenzaron a revisar cuidadosamente sus políticas de utilización antes de extender estos sistemas a toda la organización.

Este escenario también modifica la forma en que las compañías evalúan el retorno sobre la inversión. Durante años, la digitalización tradicional permitió reducir costos de manera relativamente sencilla porque reemplazaba procesos manuales por sistemas cuyo mantenimiento resultaba previsible.

Con la inteligencia artificial generativa la ecuación es más compleja. Un empleado puede completar una tarea en la mitad del tiempo gracias a un asistente inteligente, pero si para lograrlo consume cientos de miles o millones de tokens al mes, el ahorro salarial puede verse parcialmente neutralizado por el incremento en la factura tecnológica.

Por eso, muchas organizaciones comenzaron a implementar políticas de gobernanza que incluyen límites de consumo, aprobaciones para acceder a modelos más avanzados, seguimiento detallado del uso por área e indicadores específicos para medir si el gasto realmente se traduce en mejoras de productividad o en beneficios económicos concretos.

El objetivo ya no es utilizar la mayor cantidad posible de inteligencia artificial, sino hacerlo justo donde el impacto justifique el costo de su aplicación.

 

Fuente: ambito.com

La selección argentina inició la preparación para el encuentro frente a Suiza por los Cuartos de Final de la Copa Mundial 2026, luego de la agónica victoria por 3-2 sobre Egipto que le permitió avanzar entre los ocho mejores del certamen.

Tras el compromiso disputado en Atlanta, el plantel regresó a Kansas City, ciudad que volverá a recibir al conjunto dirigido por Lionel Scaloni mañana, en un calendario que deja escaso margen para la recuperación y la planificación. Con apenas cuatro días entre un partido y otro, el cuerpo técnico concentra su trabajo en definir la formación que buscará el pase a las semifinales.

El equipo volvió a entrenarse en el Compass Minerals Performance Center de Kansas City, donde desarrolló una práctica cuyos primeros quince minutos estuvieron abiertos a la prensa.

Esa sesión marcó el inicio formal de la preparación para un encuentro de máxima exigencia, en el que la Argentina buscará sostener el crecimiento futbolístico evidenciado durante la segunda mitad del compromiso ante Egipto. Si bien aún no existe confirmación oficial sobre el equipo titular, todo indica que el entrenador realizaría únicamente modificaciones puntuales respecto de la alineación utilizada en los Octavos de Final.

El triunfo sobre Egipto dejó una fuerte carga emocional por la manera en que se produjo la remontada, aunque también permitió fortalecer la confianza del plantel luego de un desarrollo adverso. Entre las decisiones que modificaron el desarrollo del encuentro apareció el ingreso desde el inicio de Nicolás Tagliafico, Leandro Paredes y Julián Álvarez, tres futbolistas habitualmente considerados titulares que llegaron al Mundial sin encontrarse en plenitud física y que, por ese motivo, habían tenido menor participación durante la fase inicial del torneo.

Su presencia aportó mayor equilibrio y variantes tanto en defensa como en el funcionamiento ofensivo del conjunto argentino.
A pesar de la satisfacción por el rendimiento colectivo, Lionel Scaloni mantiene abiertas algunas incógnitas para definir el equipo que enfrentará a Suiza. Una de ellas continúa siendo el lateral derecho, posición en la que Nahuel Molina todavía no logró recuperar el nivel que exhibió en anteriores competencias internacionales.

En contrapartida, Gonzalo Montiel ingresó con buen rendimiento durante el tramo decisivo del encuentro frente a Egipto.

CRUCE
Otra de las incógnitas pasa por la posibilidad de incluir a Nicolás González entre los titulares. Sobre esa alternativa, el periodista Diego Monroig informó durante la cobertura de ESPN Mundial que «si hay un cambio, es el de Nico González. En la previa al partido ante Egipto iba a entrar por Mac Allister o Enzo». Esa variante mantiene abiertas las posibilidades para el mediocampo, donde Scaloni continúa evaluando cuál será la combinación más conveniente para enfrentar las características del seleccionado suizo.

La competencia interna también alcanza al puesto de centrodelantero. Julián Álvarez dejó una buena impresión como titular frente a Egipto, aunque Lautaro Martínez volvió a responder positivamente desde el banco de suplentes.

Con ese panorama, la probable formación de la selección argentina estaría integrada por Emiliano Martínez; Nahuel Molina o Gonzalo Montiel, Cristian Romero, Lisandro Martínez y Nicolás Tagliafico; Rodrigo De Paul, Leandro Paredes, Alexis Mac Allister o Nicolás González, Enzo Fernández; Lionel Messi y Julián Álvarez o Lautaro Martínez.

La definición del equipo dependerá de la evolución física de los futbolistas y de la evaluación táctica que el cuerpo técnico realice durante los entrenamientos previos al compromiso.

 

 

Fuente: diariolavozdelchaco.com

 

Ambas selecciones vienen de conseguir muy buenos triunfos en los octavos de final.

La selección de España se medirá este viernes con su par de Bélgica, en busca de un lugar en las semifinales del Mundial de Estados Unidos, Canadá y México 2026.

El encuentro, que está programado para las 16, se llevará a cabo en el SoFi Stadium de Los Ángeles, contará con la cobertura en vivo de la Agencia Noticias Argentinas y se podrá ver a través de DSports y Paramount+. El árbitro designado fue el inglés Michael Oliver.

España, que es dirigida por Luis de la Fuente, llega a este encuentro como uno de los grandes candidatos a quedarse con el título.
La referencia del alcalde de Nueva York al partido entre Argentina y Egipto

Los vigentes campeones de Europa, que tienen como principal estrella a Lamine Yamal, vienen de ganarle 1-0 sobre la hora a Portugal gracias al agónico gol de Mikel Merino y es la única selección que no recibió goles en lo que va del Mundial.

En su camino hasta los cuartos de final, igualaron sin goles ante Cabo Verde en el estreno, mientras que después le ganaron 4-0 a Arabia Saudita, 1-0 a Uruguay, 3-0 a Austria y 1-0 a Portugal.

Bélgica, por su parte, tuvo un camino mucho más sufrido para meterse entre los ocho mejores del Mundial.

En la fase de grupos comenzaron con unos muy discretos empates contra Egipto e Irán, aunque finalmente encaminaron el rumbo con una goleada 5-1 sobre Nueva Zelanda. Ya en los 16avos de final, dieron vuelta un partido increíble ante Senegal en el que caían 2-0 hasta los 41 minutos del segundo tiempo para finalmente imponerse en el tiempo extra.

Finalmente, en los octavos de final dieron una muestra de carácter tremenda al aplastar 4-1 a Estados Unidos, en un encuentro al que no llegaban como los candidatos.

Desde el Mundial de Brasil 2014, Bélgica se convirtió en uno de los principales animadores, ya que alcanzó al menos los cuartos de final en tres de las últimas cuatro ediciones. La única excepción fue Qatar 2022, donde se despidió en la fase de grupos.



Fuente:  NA

echint-Sacde volvió a quedar afuera de una licitación estratégica de Vaca Muerta. El consorcio integrado por YPF, ENI y XRG, el brazo internacional de inversiones energéticas de Adnoc, la petrolera estatal de Abu Dhabi, adjudicó a Pumpco y Bonatti la construcción del gasoducto que unirá la formación neuquina con Sierra Grande, en Río Negro, para el proyecto de exportación de gas natural licuado (GNL) conocido como Argentina LNG.

La definición dejó al frente de la obra a dos compañías sin antecedentes de construcción de infraestructura energética en la Argentina: la estadounidense Pumpco, vinculada a Jorge Mas, uno de los dueños del Inter Miami, el club donde juega Lionel Messi; y la italiana Bonatti. La sociedad de Paolo Rocca y Marcelo Mindlin, en cambio, perdió por segunda vez consecutiva una compulsa vinculada a los megaproyectos de exportación de hidrocarburos de la cuenca neuquina.

Un gasoducto de USD 1200 millones hacia Sierra Grande

La obra adjudicada tiene un valor estimado de USD 1200 millones y forma parte de la infraestructura central de Argentina LNG. El ducto partirá desde la Meseta Buena Esperanza, en Neuquén, atravesará Río Negro y llegará hasta la zona de Sierra Grande, cerca de Punta Colorada, donde está prevista la terminal marítima de exportación.

El proyecto contempla dos trazas paralelas de 527 kilómetros: un gasoducto de 48 pulgadas de diámetro y un poliducto de 24 pulgadas para los componentes líquidos del gas. Si avanza, el primero será el gasoducto de mayor diámetro construido en la Argentina, por encima de las 36 pulgadas del Perito Moreno, antes llamado Néstor Kirchner.

La adjudicación no implica el inicio inmediato de los trabajos. La obra depende de la decisión final de inversión, conocida como FID por sus siglas en inglés, que debería definirse hacia fines de este año o a comienzos de 2027. Si esa instancia recibe luz verde, Pumpco, Bonatti y Contreras Hermanos quedarán a cargo de la ingeniería y la ejecución.

Pumpco, Bonatti y el respaldo local

El consorcio ganador quedó integrado por la estadounidense Pumpco y la italiana Bonatti, que compitieron con el respaldo de Contreras Hermanos. La firma local participó en el diseño y la ingeniería del proyecto, aunque no pudo presentarse como oferente porque la licitación fue exclusivamente internacional.

Pumpco es subsidiaria de MasTec, la constructora fundada por el empresario cubanoamericano Jorge Mas. La compañía figura entre las principales constructoras de ductos de EEUU y registra una facturación anual cercana a USD 14.300 millones. Para MasTec, la adjudicación marca un ingreso largamente buscado al mercado argentino, después de ofertas sin éxito en la reversión del Gasoducto Norte, en el oleoducto Vaca Muerta Sur (VMOS) y en el gasoducto de Southern Energy (SESA).

La segunda derrota consecutiva de Techint-Sacde

La nueva adjudicación representa otro revés para Techint-Sacde, dos compañías que concentraron durante años buena parte de la construcción de ductos en la Argentina. Semanas atrás, la misma sociedad quedó afuera de la obra civil del gasoducto de SESA, adjudicada a la UTE Víctor Contreras-SICIM.

En ese caso, San Matías Pipeline, una empresa vinculada a SESA, eligió a Víctor Contreras-SICIM para construir el gasoducto entre Neuquén y la costa de Río Negro. También adjudicó a Oilfield Production Services (OPS) la instalación de una planta compresora.

La caída de Techint en las licitaciones vinculadas a Vaca Muerta tuvo otro antecedente. A comienzos de año, Tenaris, subsidiaria del Grupo Techint y única productora local de ese tipo de tubos, perdió frente a la india Welspun la compulsa por los caños del tendido de SESA. Esa licitación derivó luego en críticas públicas del presidente Javier Milei a Paolo Rocca, a quien llamó “Don Chatarrín de los tubitos caros”.

Dos proyectos de GNL en el mismo corredor

Argentina LNG y SESA comparten el corredor geográfico hacia la costa rionegrina, pero son desarrollos independientes. Cada uno tiene su propia estructura de financiamiento, sus contratos y sus adjudicaciones.

El ducto adjudicado ahora por YPF, ENI y XRG correrá en paralelo al de SESA, que quedó en manos de Víctor Contreras-SICIM. Ambos proyectos forman parte de la apuesta por transformar a Vaca Muerta en un polo exportador de gas licuado a gran escala, con destino a mercados de Europa y Asia.

En paralelo a la obra civil, el consorcio YPF-ENI-XRG avanza con el pliego para licitar los materiales. Los caños que compondrán los dos ductos saldrán a licitación en las próximas semanas y la adjudicación de esa etapa se espera para dentro de dos o tres meses.

La competencia que presionó sobre los precios

En el sector energético interpretan que la entrada de nuevos oferentes internacionales modificó la dinámica de las licitaciones de infraestructura. La competencia presionó sobre los costos de los proyectos y redujo el margen de los jugadores locales tradicionales.

La definición deja a Pumpco y Bonatti mejor posicionadas para la próxima etapa de infraestructura de Argentina LNG. También confirma un cambio de escenario para Techint-Sacde, que todavía trabaja en el Oleoducto Vaca Muerta Sur, pero quedó afuera de dos licitaciones clave para el negocio del GNL.

La construcción del gasoducto dependerá ahora de la FID del proyecto YPF-ENI-XRG. Si esa decisión avanza, Vaca Muerta sumará una nueva traza hacia la costa rionegrina para llevar gas desde la cuenca neuquina hasta la futura terminal de exportación.

Fuente: Bae Negocios