El asteroide es binario y se llama Didymos. Como "mellizo” en griego. Es que está compuesto por dos cuerpos. En su recorrido cósmico tiene previsto pasar considerablemente cerca de la Tierra, a unos 11 millones de kilómetros de distancia, en octubre de 2022 y luego en 2024, según publicó la BBC.
La primera pieza de este objeto mide unos 780 metros de ancho y fue bautizada como Didymos A, mientras que la segunda, Didymos B, mide 160 metros.
Esto se debe a que la NASA quiere lanzar el Proyecto DART (Prueba de Redireccionamiento del Asteroide Doble). En 2022, la nave DART impactará en Didymos B, el asteroide pequeño en un intento de cambiar su órbita alrededor de su gemelo más grande, para probar la viabilidad de la desviación del asteroide.
El choque tiene que ser lo suficientemente fuerte para desviar su trayectoria unos 0,4 milímetros, como para sacarlo de su órbita, pero sin que llegue a destruirlo y genere una lluvia de pequeñas pierdas.
Después del impacto, la misión Hera de la Agencia Espacial Europea (ESA) estudiará los asteroides Didymos en 2026 para recopilar información clave que no estará disponible a partir de observaciones basadas en la Tierra, incluida la masa del Didymos B, sus propiedades de superficie y la forma del cráter que deje la misión DART.
Didymos B es muy importante para tales pruebas, ya que se encuentra en la clase más peligrosa de asteroides cercanos a la Tierra debido a su tamaño: los cuerpos más grandes se pueden rastrear más fácilmente, los cuerpos más pequeños se queman o hacen daño limitado, mientras que un impactador del tamaño del binario Didymos.
Actualmente, Hera está en estudio y se presentará para su aprobación en la reunión del Consejo Space 19+ de la ESA de los ministros europeos de espacio. Está previsto su lanzamiento en 2023.
Hera sería la próxima misión de la ESA a un cuerpo pequeño después del cazador de cometas Rosetta, beneficiándose de la experiencia adquirida durante esa misión de 12 años.
Fuente: datachaco.com
Científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en Estados Unidos, han diseñado una maquina que convierte las señales de Wi-Fi en electricidad para alimentar los dispositivos electrónicos sin la necesidad de tener que cargarlo por la noche.
Los científicos han creado un pequeño artículo bidimensional con materiales muy delgados y flexibles, que absorbe las ondas de la red inalámbrica así como otras ondas electromagnéticas en el aire, y las convierte en electricidad.
Gracias a este invento, que convierte la señal en corriente directa útil, el Wi-Fi podría convertirse en una fuente de energía generalizada. De acuerdo con Tomás Palacios, profesor de ingeniería eléctrica e informática en el MIT, se ha allanado el camino para la recolección de energía sustraída del medio ambiente.
"Cuando tienes uno de estos dispositivos, estás recolectando energía las 24 horas del día, los 7 días de la semana (…) se podría cubrir el escritorio con un mantel electrónico y aunque solo esté en el escritorio, se estaría recolectando energía todo el tiempo", aseguró el investigador a la revista Nature.
El plástico es, tal vez, uno de los mayores enemigos a la hora de tratar los distintos problemas ambientales que existen en el Planeta. Las botellas, las bolsas, los distintos envases en los que viene el alimento que consumimos a diario generalmente termina en los mares, ríos y océanos, retroalimentando la contaminación, pero también la intoxicación y muerte por asfixia de los animales que habitan en el espacio.
Es por eso que el biólogo indonesio, Kevin Kumala pensó una manera ingeniosa para contrarrestar estos efectos. Así creó "I am not plastic", una novedosa bolsa elaborada a base de fibras de la planta de mandioca y de diversas resinas de origen natural.
Según detalló en una entrevista el biólogo decidió centrar sus esfuerzos en encontrar un reemplazo al plástico y en esa búsqueda incesante descubrió que la mandioca era la materia prima perfecta.
En Indonesia se cultivan 25.2 millones de toneladas de mandioca al año, con lo cual este tubérculo es la materia prima ideal para replicar el mismo proceso de fabricación de las bolsas plásticas (se usa la misma maquinaria), pero con la mandioca.
A simple vista, las bolsas son similares a las comunes. La gran diferencia es que las de mandioca se biodegradan, se integran al medio ambiente y no son tóxicas ni para humanos ni para animales.
Otro dato interesante es que el almidón que contiene este tubérculo se puede convertir en compost en menos de 100 días, en contraposición a los cientos de años que tarda una bolsa de plástico convencional en degradarse.
Kumala contó cómo se interesó en este tema: un día llegó a su Bali natal y encontró que aquellas playas en las que él había pasado toda su infancia estaban sepultadas debajo de enormes montañas de basura. La misma montaña que un tiempo después era arrastrada por la corriente mar adentro.
Con el tiempo, surfear y bucear dejaron de representar el pasatiempo favorito de este biólogo. "Encontraba basura de plástico en cualquier lugar. Sabía que en un mundo que bota al mar 8 millones de toneladas de plástico anualmente, decirle a la gente que deje de consumir productos desechables era un proyecto a largo plazo", explicó en una entrevista. Por eso, decidió seguir adelante con su proyecto y dar a luz a Avani Eco "I am not plastic".
Fuente: diariochaco.com